Educar , educar y eliminar la Violencia


Hay violencia cuando alguien actúa de un modo tal que daña a otra persona. Legítimamente una persona puede sentirse agredida cuando otro la golpea, la descalifica o se salta la fila. El daño puede ser físico o moral, puede golpear el cuerpo, afectar las oportunidades de crecimiento o sacudir la autoestima. Hay muchas formas de dañar, y padecer el daño nos irrita sobremanera.

¿Por qué sucede esto? ¿Qué nos está pasando como sociedad que la agresividad campea? En la raíz de un gesto violento, salvo el caso de enfermedad mental, hay por lo general un autocentramiento muy grande. Para el agresor, él mismo, su necesidad o deseos, son lo único importante y por eso actúa sin considerar lo que provoca en la vida de los demás, o bien no se percata de ello. Por ese motivo, no controla sus impulsos más básicos y da rienda suelta a su conducta agresiva.

Pero también la violencia es respuesta a una violencia anterior. El agresor muchas veces ha sido agredido previamente y entra en un círculo de recibir golpes y devolverlos una y otra vez. En psicología se ha estudiado también cómo, ante la imposibilidad de desahogar la rabia que provoca ser agredido, las personas descargamos violencia contra otro distinto de nuestro agresor para, así, poder compensar.

Creo que en muchas de las reacciones violentas que hemos visto, no hay simple maldad. Ese análisis sería pobre e ingenuo. Creo que esta agresividad es un síntoma, es reacción de personas que han sido muy agredidas, que han sido hondamente vulneradas. Repito, esto no justifica su actuar ni exime de ninguna responsabilidad, pero sin comprender las raíces, difícilmente resolveremos el problema. 

La agresividad nos introduce en un círculo vicioso, donde los agredidos desahogan su frustración contra otros. Ese círculo se puede ir agrandando indefinidamente y sin límites. Ese es el problema de la Ley del Talión, que responde a la violencia con mayor violencia. Esa lógica tiene un pésimo pronóstico, porque nos introduce en el circuito de la venganza. Ese método es tan poco sensato como buscar la paz mediante las armas. Por eso no funciona en su misma lógica interna. Poner más guardias, mayores castigos, mejores alarmas, nada de eso funciona, porque no aborda las causas del asunto.

¿Cómo romper con esto? Creo que la única manera es que alguien decida no responder a la violencia y así deje de transmitirse como una mancha de aceite en el mar. Hace falta gente que esté dispuesta a no responder de la misma manera, a darse el tiempo para educar, que entienda que nada realmente importante se construyó de la noche a la mañana. Necesitamos gente dispuesta a perdonar, porque el perdón enaltece a la humanidad.

Algunos podrán decir que es una utopía, que caí preso de los idealismos. Puede ser, pero prefiero confiar en el ser humano, mantener la esperanza.

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