Autor: FUNDACIÓN CHOKA LAS MANOS.

Acerca de FUNDACIÓN CHOKA LAS MANOS.

Ceo Presidente Lic. Pedro Maldonado Escalona. Donation Venezuela, Caracas City : Account Bank; 0115 00 3077 100 1290 589 Banco Exterior . "Choka Las Manos Fundacion". "Dejad que los niños vengan a mi". DESDE MUY JOVEN ME INTERESO AYUDAR A LAS PERSONAS MAS NECESITADAS. MI EJEMPLO MI MADRE PSICOLOGA CLINICO JUBILADA EN EL IVSS. EDUCAR AL NIÑO PARA NO CASTIGAR AL ADULTO. CREAR VALORES DENTRO DE LAS COMUNIDADES DESARROLLANDO ASI UNA CONDUCTA PROACTIVA Y POSITIVA FRENTE A LOS PROBLEMAS QUE EXISTEN EN SUS BARRIOS. EDUCAR Y EDUCAR . PRIMERO LOS NIÑOS Y NIÑAS.

RATONCITOS DE NIÑOS


Hacía semanas que no los oía. A Raúl le resultaba extraño que ya no estuvieran deambulando por el jardín los ratoncitos que durante todo el verano lo habían acunado con sus mínimos pasitos en la pared contra la que estaba acomodada su cama.

Se levantó de prisa asustado y descubrió que ya no quedaba ninguno; se habían marchado sin despedirse. Los días siguientes fueron tristes y solitarios para el niño y dejó de reír y de sonreír como solía hacerlo.

Cuando su madre le preguntó qué le ocurría, él le manifestó su tristeza por la ausencia de los ratoncitos. ‘Ni siquiera les había dicho lo especiales e importantes que eran para mí’, sollozaba convulsionado por la pena. ‘No te preocupes, ya volverán’, fue la tranquilizadora respuesta de su madre.

Efectivamente, los ratoncitos regresaron. Pero cuando lo hicieron, había pasado demasiado tiempo y Raúl no los recordaba: se había convertido en un joven apuesto al que ya no le interesaban los asuntos de la infancia, preocupado en volverse mayor.

Por mucho que los visitantes rascaron las paredes, Raúl no les prestó atención. Y continuó con su vida adolescente como si nada. En el fondo de su alma el hueco del abandonado sufrido en la infancia continuó horadando silenciosamente y todos sabemos que, tarde o temprano, volvería a cobrar protagonismo en su vida; porque el tiempo no cura las heridas.

El Flautista de Hamelìn


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Hace mucho, muchísimo tiempo, en la próspera ciudad de Hamelín, sucedió algo muy extraño: una mañana, cuando sus gordos y satisfechos habitantes salieron de sus casas, encontraron las calles invadidas por miles de ratones que merodeaban por todas partes, devorando, insaciables, el grano de sus repletos graneros y la comida de sus bien provistas despensas.

Nadie acertaba a comprender la causa de tal invasión, y lo que era aún peor, nadie sabía qué hacer para acabar con tan inquietante plaga.

Por más que pretendían exterminarlos o, al menos, ahuyentarlos, tal parecía que cada vez acudían más y más ratones a la ciudad. Tal era la cantidad de ratones que, día tras día, se adueñaban de las calles y de las casas, que hasta los mismos gatos huían asustados.

Ante la gravedad de la situación, los hombres de la ciudad, que veían peligrar sus riquezas por la voracidad de los ratones, convocaron al Consejo y dijeron: “Daremos cien monedas de oro a quien nos libre de los ratones“.

Al poco se presentó ante ellos un flautista, alto y desgarbado, a quien nadie había visto antes, y les dijo: “La recompensa será mía. Esta noche no quedará ni un sólo ratón en Hamelín”.

Dicho esto, comenzó a pasear por las calles y, mientras paseaba, tocaba con su flauta una maravillosa melodía que encantaba a los ratones, quienes saliendo de sus escondrijos seguían embelesados los pasos del flautista que tocaba incansable su flauta.

Y así, caminando y tocando, los llevó a un lugar muy lejano, tanto que desde allí ni siquiera se veían las murallas de la ciudad.

Por aquel lugar pasaba un caudaloso río donde, al intentar cruzarlo para seguir al flautista, todos los ratones perecieron ahogados.

Los hamelineses, al verse al fin libres de las voraces tropas de ratones, respiraron aliviados. Ya tranquilos y satisfechos, volvieron a sus prósperos negocios, y tan contentos estaban que organizaron una gran fiesta para celebrar el feliz desenlace, comiendo excelentes viandas y bailando hasta muy entrada la noche.

A la mañana siguiente, el flautista se presentó ante el Consejo y reclamó a los hombres de la ciudad las cien monedas de oro prometidas como recompensa. Pero éstos, liberados ya de su problema y cegados por su avaricia, le contestaron: “¡Vete de nuestra ciudad! ¿o acaso crees que te pagaremos tanto oro por tan poca cosa como tocar la flauta?”.

Y dicho esto, los orondos hombres del Consejo de Hamelín le volvieron la espalda profiriendo grandes carcajadas.

Furioso por la avaricia y la ingratitud de los hamelineses, el flautista, al igual que hiciera el día anterior, tocó una dulcísima melodía una y otra vez, insistentemente.

Pero esta vez no eran los ratones quienes le seguían, sino los niños de la ciudad quienes, arrebatados por aquel sonido maravilloso, iban tras los pasos del extraño músico.

Cogidos de la mano y sonrientes, formaban una gran hilera, sorda a los ruegos y gritos de sus padres que en vano, entre sollozos de desesperación, intentaban impedir que siguieran al flautista.

Nada lograron y el flautista se los llevó lejos, muy lejos, tan lejos que nadie supo adónde, y los niños, al igual que los ratones, nunca jamás volvieron.

En la ciudad sólo quedaron sus opulentos habitantes y sus bien repletos graneros y bien provistas despensas, protegidas por sus sólidas murallas y un inmenso manto de silencio y tristeza.

Y esto fue lo que sucedió hace muchos, muchos años, en esta desierta y vacía ciudad de Hamelín, donde, por más que busquéis, nunca encontraréis ni un ratón ni un niño.

FIN

 

¿No recuerdas cuándo te preguntaban qué profesión ibas a escoger en el futuro?


Conozco mucha gente joven que opta por una carrera universitaria sin sentir ningún grado de atracción hacia ella, guiada por los deseos de sus padres o por el estatus o remuneración económica que obtendrían. Otros intentan seguir los pasos de sus antecesores involucrándose en un trabajo familiar del que reniegan todos los días; y lo peor de todo, algunos se consideran tan torpes, miserables e incapaces, que ni siquiera buscan capacitarse, teniendo finalmente que trabajar en cualquier cosa que no les da ningún grado de satisfacción.

Desde niños estamos involucrados con el tema del trabajo ¿No recuerdas cuándo te preguntaban qué profesión ibas a escoger en el futuro?, ¿nunca tuviste un kit de doctor?, ¿una cocina en miniatura? o ¿avioncitos a control remoto?

Podemos ver que para disfrutar del trabajo hay varios factores a tener en cuenta:

  • Escoger aquel oficio que más se acerque a nuestros intereses y habilidades.
  • Tenemos que fluir bien emocionalmente (sentir placer, absorción plena en nuestro trabajo, sentido de pertenencia, pasión armoniosa)
  • Comportarnos de manera asertiva, tener adecuadas relaciones con nuestros compañeros y hacer valer nuestros derechos laborales.
  • Involucrarnos y concentrarnos en nuestro trabajo de manera saludable para evitar el burnout.
  • Emprender tareas acordes a nuestras capacidades. Evitando realizar las cosas de manera automática.
  • Sentirnos orgullosos de lo que hacemos y pensar que realizamos nuestro oficio de la mejor manera posible.

CRISIS SOCIAL


El trabajo de asistente social muestra una labor profundamente vocacional ya que se trata de un trabajo humano en el que hace falta habilidades sociales, empatía, paciencia y autocontrol emocional. En las etapas de crisis económica de un país, la necesidad de asistencia social de la población aumenta como consecuencia del desempleo.

La asistencia social no tiene nada que ver con la caridad sino con la justicia de una sociedad responsable.

SOCIAL ASISTENCIA


La sociedad está formada por personas y cada ser humano es importante a nivel individual. El bienestar de todos depende también del bienestar de cada parte. Las familias velan por el bienestar de sus hijos, sin embargo, existen situaciones concretas de ayuda en las que es la asistencia social la que se encarga de ofrecer recursos a familias que están en situación de ayuda económica o emocional. La asistencia social apoya de forma especial a aquellos colectivos más vulnerables que están en riesgo de exclusión social.

Educar , educar y eliminar la Violencia


Hay violencia cuando alguien actúa de un modo tal que daña a otra persona. Legítimamente una persona puede sentirse agredida cuando otro la golpea, la descalifica o se salta la fila. El daño puede ser físico o moral, puede golpear el cuerpo, afectar las oportunidades de crecimiento o sacudir la autoestima. Hay muchas formas de dañar, y padecer el daño nos irrita sobremanera.

¿Por qué sucede esto? ¿Qué nos está pasando como sociedad que la agresividad campea? En la raíz de un gesto violento, salvo el caso de enfermedad mental, hay por lo general un autocentramiento muy grande. Para el agresor, él mismo, su necesidad o deseos, son lo único importante y por eso actúa sin considerar lo que provoca en la vida de los demás, o bien no se percata de ello. Por ese motivo, no controla sus impulsos más básicos y da rienda suelta a su conducta agresiva.

Pero también la violencia es respuesta a una violencia anterior. El agresor muchas veces ha sido agredido previamente y entra en un círculo de recibir golpes y devolverlos una y otra vez. En psicología se ha estudiado también cómo, ante la imposibilidad de desahogar la rabia que provoca ser agredido, las personas descargamos violencia contra otro distinto de nuestro agresor para, así, poder compensar.

Creo que en muchas de las reacciones violentas que hemos visto, no hay simple maldad. Ese análisis sería pobre e ingenuo. Creo que esta agresividad es un síntoma, es reacción de personas que han sido muy agredidas, que han sido hondamente vulneradas. Repito, esto no justifica su actuar ni exime de ninguna responsabilidad, pero sin comprender las raíces, difícilmente resolveremos el problema. 

La agresividad nos introduce en un círculo vicioso, donde los agredidos desahogan su frustración contra otros. Ese círculo se puede ir agrandando indefinidamente y sin límites. Ese es el problema de la Ley del Talión, que responde a la violencia con mayor violencia. Esa lógica tiene un pésimo pronóstico, porque nos introduce en el circuito de la venganza. Ese método es tan poco sensato como buscar la paz mediante las armas. Por eso no funciona en su misma lógica interna. Poner más guardias, mayores castigos, mejores alarmas, nada de eso funciona, porque no aborda las causas del asunto.

¿Cómo romper con esto? Creo que la única manera es que alguien decida no responder a la violencia y así deje de transmitirse como una mancha de aceite en el mar. Hace falta gente que esté dispuesta a no responder de la misma manera, a darse el tiempo para educar, que entienda que nada realmente importante se construyó de la noche a la mañana. Necesitamos gente dispuesta a perdonar, porque el perdón enaltece a la humanidad.

Algunos podrán decir que es una utopía, que caí preso de los idealismos. Puede ser, pero prefiero confiar en el ser humano, mantener la esperanza.

Caminar mi Bebé


¿Cómo puedo estimularle?

1. No le obligues. El gateo es tan importante o más que la marcha para su desarrollo psicomotor. Los juegos y actividades que propongas deben incitarle a la marcha, pero sin imposiciones, que salga de su voluntad. Invítale a alcanzar algo, por ejemplo.

2. Estimula su confianza. Su instinto le lleva a levantarse, pero si siente miedo, permanecerá inmóvil, incluso llorará esperando un rescate. Si es así, acude a su lado y ayúdale.

3. Potencia su equilibrio. Procura que tu bebé esté de pie y descalzo. Sin zapatos, su estabilidad es mayor.  Elige un calzado con suela suave para que pueda reconocer la superficie por donde se desplaza, pues es información útil para su equilibrio.

4. Dale seguridad. Colócate frente a él y sostén sus manos tratando de que camine hacia ti. Después, puedes darle sólo una mano y alternarlas para que poco a poco se le quite el miedo a soltarse.

5. Vigílale siempre. Asegúrate siempre de que el lugar por donde camine sea seguro y nunca dejes a tu bebé sin supervisión durante esta etapa para evitar que una caída le frene.

6. No dramatices. Si le ves caerse, acude sonriente y quítale importancia.

7. Ofrécele un apoyo móvil. Un andador, un cajón que pueda arrastrar o la cesta de la ropa pueden servirle como apoyo para andar. Juega con él a transportar muñecos en el cesto, arrastrándolo por la estancia.

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